Pequeño Manifiesto

cabecera-blog-4

Una champa es lo que se trasplanta para que se reproduzca, para que invada.
Un elemento con fuerza propia invitado a trascender sus propios límites.
Algo que viene de otra parte, pero sabe echar raíces.
Una champa no es un manojo de semillas
Una champa es una esperanza visible.

También es cierto que un nombre sólo equivale a todo el sentido que podamos estrujarle, y eso ya en sí mismo es casi una pantomima, un ultraje. Pero como el azar nunca es pleno, recogemos el guante, se elige un nombre (por suerte, una revista no tiene padres, sino cómplices) y se lo explica, asumiendo de antemano las grietas que otros querrán encontrar(le).

¿Qué es esto? ¿Qué hay más allá de un nombre y una foto de un patio de chipica comprada?

Una intención.

Durante muchos años, la literatura de San Juan (no diga “sanjuanina”, confíe en mí) no contó con espacios de visibilización que le permitieran a los interesados construirse un mapa de lo que había sucedido y estaba sucediendo a su alrededor en materia de escritura (¿los tiene ahora? ¿será para eso una revista?).

Hay y hubo, sí, instituciones que nuclean personas bajo el rótulo de “escritores”. Y no quiero detenerme en esto, porque el título dice “Pequeño Manifiesto”, y porque esto pretende ser una revista, así que pronto habrá algún artículo al respecto, como también respecto de los medios, la Universidad, el Nivel Medio, el Estado, el propio Oficio, y todo lo que vaya percibiéndose como orgánico a este territorio borroso que llamamos “ser escritor”.

Esta revista, entonces, tiene la intención de visibilizar la producción literaria de San Juan, en la medida en que las fuerzas del editor y la buena onda de los colaboradores lo permitan. ¿Por qué me animo a decir “producción literaria”, así, sin diques de contención, sin marcas de restricción? Porque esa es la intención, pues: la pluralidad. Pero… La pluralidad puede ser entendida de muchas formas: la más común sería decir que vale todo, que nadie puede (tiene derecho) a decir qué es o qué no es literatura. Entonces todos nos llevaríamos bien y cada uno estaría más que seguro y conforme con lo que escribe. Otra forma posible es la de asumir que existe algo más afuera de lo que uno propone (incluso comentarlo en reuniones bien privadas y selectas) pero negarlo de plano, asumir una actitud de superioridad, despectiva, con cada cosa que me rodea y no se cuadra ideológica o estéticamente a lo que yo pienso. Y otra visión de la pluralidad, tal vez más democrática o al menos más comprometedora, es reconocer que uno es, en sí mismo, una consecuencia de lecturas, discursos heredados asumidos o no, rodeado de otras personas que son a su vez consecuencias. Y que todos somos susceptibles de ser leídos y criticados en la medida en la que se haga con honestidad y sin animosidad contra el autor, sino intentando explicar el texto deconstruyendo su lógica, su posible lugar en el mapa de la literatura local y los usos de lenguaje en los que recae.

Por eso recibiremos textos (literarios, seudoliterarios, sobre literatura), recibiremos libros (para reseñar y para distribuir digitalmente), haremos entrevistas, promocionaremos eventos, andaremos por ahí pescando textos pidiendo o no permiso, mostrando lo que sucede sin amiguismos, sin preferencias, pero volcando sobre cada práctica, cada síntoma, cada signo, un aparato crítico que nos involucra como sujetos, que crece con cada lectura y que violenta sin agredir, asevera sin dictaminar, propone una verdad y se anima reconocer que ninguna verdad es única.

¿Y por qué? ¿Por qué el esfuerzo? Porque hace falta, porque se dice que hace falta, porque en bares, talleres, rondas de amigos, velorios, soledades, se dice que hace falta. Y cuando se dice algo, y uno vibra con eso que se dice, hay dos opciones: asumir que son palabrerías, o hacerlo, y depositar en el otro la responsabilidad de demostrar cuán en serio estaba hablando (siempre me gustó más la segunda opción).

Usted, lector, acaba de leer una intención. Tal vez la lee antes de que pueda realizarse, en su pleno apogeo o en tiempos de su supuesto fracaso.

No importa.

La intención existe, y pase lo que pase, la victoria es nuestra.

Anuncios