Aproximación (5): Carlos Quinteros

CAMPUS – QUINTEROS

La poesía de Campus como la de Quinteros para ubicarla en el campo de la estilística, tenemos que colocarlo dentro de lo que Leo Spitzer llamó con gran acierto “La Enumeración Caótica”. Una de las formas de la expresión lírica, -que si bien tiene mucho de antiguo es muy actual- nos permite sin equivocación, poder con claridad y una forma veridica, la creación de estos dos interesantes poetas, trayendo el uno y el otro, una poesía desconocida hasta el momento en San Juan.

El valor de cada uno de estos poetas es que su contenido poético es muy actual, tanto por la forma como el lenguaje empleado. “Por eso la literatura genuina de
un tiempo es una confesión general de la intimidad humana” (Ortega y Gasset).

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Quinteros

Si buscásemos con urgencia ubicar a Carlos H. Quinteros dentro de una escuela, poética determinada, tendríamos que ubicarlo como un romántico. No porque viva, soñando y apartado gran realidad humana sino porque siente y se deja llevar, por una gran motivación de sueño y maravilla.

Desde el verso nos va llevando en forma casi descriptiva, como quien dice, cuenta, sin más: a medida que el poema se va conformando, saltan aquí y allá, momentos líricos con una intensidad tan lograda que este y su mensaje son realidad.

Casi escondido entre palabras, pero con gran temblor de alma se deja llevar por el cauce expresivo y como quiere dar todo, en forma rápida, dice sus versos, no se detiene hasta no tener la seguridad de ser escuchado.

Se libera de las formas; usa el verso libre. Versos largos, sin rimas (un ritmo encadenante unifica el poema), que a medida que crecen se convierten en versículos. Antecedente de esta forma expresiva, la encontramos en: La Biblia – Claudel John Pers. La fuente desde donde este versolibrismo de Quinteros, podriamos situarla en Neruda y los españoles Vicente Alexandre y Rafel Alberti.

Siente desde lo más hondo de su espíritu. Una ansiedad le levanta la piel, hasta el ardor: en sus ojos se dilata el deseo, de tener una respuesta a sus anhelos. Piensa en el hombre, el prójimo que le acompaña en el vivir cotidiano: en el que mano sobre mancera, rotura la tierra, el que sobre el yunque da forma al hierro; el que agua y harina hace el pan, en la que sostiene la aguja afirmando el botón de la camisa; la mano que trabaja, la mano que dice la palabra encendida sobre el papel. Con fe en el hombre escribe versos.

Hemos dicho, que siente al hombre como vivencia permanente, que busca compasión, comprensión y diálogo. Sueña con la alegría y la felicidad: como algo cotidiano, y no con secuencias, de valoración económica o política.

Pidió prestado un poco de ilusión
le dijeron ¡No! porque llevaba
a cuestas un sueño.
Quiso vender el recuerdo
y le dijeron: vuelva mañana.

Sólo encuentra la soledad en torno suyo. No obstante sigue su camino y espera.

Siguió caminando.
Al final de la calle un cartel
decía… MAÑANA.

Hablando de las zonas de inspiración de Carlos Quinteros, ubicamos el amor, como realidad determinante de una razón vital de su poesía. El amor como entrega; Comprensión de darse, sabiendo que tiene que trascender; pues al par de la vida, está la muerte y, antes de ese cumplimiento, realizarse, como creador, como fundador, como ser que habiendo recibido, da, entrega todo su ser al amor de integrarse en los hijos para continuarse todo lo que le rodea está colmado de amor. El poema “Prolongación”, es ejemplo de lo dicho:

Quisiera, a veces, ser como la rosa
nacer, perfumar y después morirme en
pétalos, o ser como la primavera,
breve y eterna.

Más no quiero ser una hoja que arrastra
el viento del mundo, a veces quiero
demorarme en mí, para unirme a otra vida
y después prolongarme en hijos.

Ya está ubicado, al par suyo van los hijos; su vivir tiene una razón para seguir. Podríamos decir que su historia humana está cumplida. No, su poesía comienza a recibir un nuevo influjo: El recuerdo, que se impregna de nostalgia y recordándose comienza a vivirse hacia el ayer.

Yo sé que nunca podré ocupar el mismo banco
en la misma aula del primer día; con el alto
pensamiento de la niñez; con ese asombro de
saber que dos más dos son cuatro; aprender a
escribir amor: a llamar a las flores por su
nombre, a la patria por su grandeza y a la
bandera por su orgullo.

Volvamos a ella, a remontar la
niñez con un barrilete, hasta
donde alcanza el hilo
de la vida.

Su poética es amor, recuerdos, protestas. Pero por sobre todo una oculta sensación de esperanza recorre como un río silencioso, pero cargado de mensajes toda su labor de poeta.
La obra poética de Campus hasta el presente la encontramos reunida en sus libros: QUIERO – AYER FUE TIEMPO – ABIGAIL.
Y la de Quinteros en un libro colectivo y su mayor parte inédita.

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POEMA

La noche le dio su imagen
y la prolongó en las esquinas.

Pidió prestado un poco de ilusión.
y le dijeron ¡No! porque llevaba
a cuestas un sueño.
Quiso vender el recuerdo
y dijeron: vuelva mañana.

Quería detener al tiempo,
pero los faroles de los autos
le deshacían las horas.

Sin embargo, sus manos seguían
aferradas a las caricias de una noche,
y en sus labios, aún habitan las
palabras que le dijeron:
Levántate y sueña.

Siguió caminando.
Al final de la calle un cartel
Decía… MAÑANA.

Y…

Es fácil decir: Soy revolucionario, mientras
la empleada sirve el desayuno en la cama.
Es fácil decir mañana, cuando hoy
se hace un depósito bancario.
Es fácil decir: Hay que cambiar el mundo,
mientras se toma un café.
Es fácil decir: creo, cuando al mediodía las manos
no se cierran preguntando por qué.

Es fácil entrar a la iglesia buscando testigos
para ignorar la culpa.
Es fácil señalar antes de la piedra.
Y es fácil decir mañana, hoy, siempre, fui, yo haré.
Es fácil decirlo.
Y entonces todo se guarda en la cartera
como un pagaré a la vista.
Pero cuando no basta decir una fecha. Y el mes que viene
el año que vendrá y los amaneceres, son sólo un paréntesis
en la vigilia del pan.

Cuando la sangre de los mártires resulta infecunda
porque en su lugar se formaron estructuras
basadas en las huellas de los zapatos.

Cuando se mira el cielo, y sólo se recibe
el sudor de la tierra y se empañan los ojos
con las lágrimas del sufrimiento.

Cuando los ojos convocan al sueño
porque es lo único que tienen por mirar.
Cuando la duda se adelanta a los pasos.

Yo pregunto señores
¿Quién inventó la rabia?

POEMA

Yo sé que nunca podré ocupar el mismo banco
la misma aula del primer día; con el alto
pensamiento de la niñez; con ese asombro de
saber que dos más dos son cuatro; aprender a
escribir amor; a llamar a las flores por su
nombre, a la patria por su grandeza y a la
bandera por su orgullo.

Recuerdo que hacen cincuenta empanadas nació mi
escuela a la izquierda del río, en una convocatoria
que se repite todos los años, después que las
gamelas en alegre cortejo llevaron a las uvas
hacia su destino de vino.

Aquí aprendí que más allá
de donde termina el surco;
más allá de la última
hilera de viñedos;
que más allá de los cerros
y más arriba de los álamos,
continúa la patria.

Por todo eso.
Por la siempre joven maestra.
Por los tiempos del juego.
Porque el cumpleaños de una
escuela es también el de la
mente y del saber, volvamos
a la escuela.

Volvamos a retomar el
asombro de todos los días.
Volvamos a ella a remontar la
niñez como un barrilete, hasta
donde alcanza el hilo
de la vida.

Volvamos a renovar la alegría
tomados de la mano, en la
ronda del niño y del hombre.

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