Aproximación (3): J. L. Escudero

Martínez – Escudero

La forma expresiva de Martínez como la de Escudero, tienen antecedentes muy arraigados en la poética que comienza dar sus premisas en España como en América partiendo de Vallejos, Cernuda, Alberti, Lorca, Salina, Neruda, Alexander, Tuñon, Panero, Marechal, Molinari.

No realizan sus versos como una simple forma del placer sensual, sino, como una consecuencia pura y manifiesta de su vivir.

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Escudero

Profundizando en una constante casi mística. Ve al hombre como un ser signado por lo cabalístico, recibiendo influencias cósmicas, constantemente acompañado por ángeles. No todo es azar en su poesía. Una expresión propia, despegada, con el propio encendimiento; la que en las altas vigilias, es resultado de una búsqueda constante Pasión ésta, que le da la realidad sostenida y vivida, en constante descubrimiento del quehacer poético. No dice un poema porque sí, porque le parece que así está bien, siente la necesidad de decirlo como lo dice, y está seguro de ello, demostrando al escribirlo honradez. No aventura un verso por conocimiento aprendidos en páginas de otros, lo vive muy dentro de su ser: “La realidad del es realización del poema mismo”. (Paul Valery)

Para expresarse busca el verso libre, antes que la forma, el contenido; no conocimiento intuitivo sino como un conocimiento lógico, de lo que él, ha vivido antes de crear. Poesía existencial la de este poeta, que dice sus versos desde una constante testimonial. La lucha entre la realidad y el sueño es un ingrediente que está latente en casi toda su poesía.

Encontramos en lo telúrico, que es vivencia mostrativa del ser regional, una penetrante capacidad asimilativa que lo lleva a lograr páginas sostenidas y vibrantes que hacen de la poesía de Escudero una característica muy peculiar y segura. Poemas como “El Relincho”.

Paro pata en la cumbre reinadora
y miró por el tiempo de sus hembras;
copó el viento, le puso contraseña
y lo volcó en las cuestan azulinas.

Del alto nacedero de sus ojos, la nieve
colgaba derritiéndose para formar los ríos;
las patas amarillas caían de su pecho
saltando las quebradas rumbo a las vegas verdes

Lanzó un relincho azul, morado y negro
le chispeó en el codillo abierta rosa

huyeron las guanacas por las cuestas;
hilaron con su lana los abismos;
y la cumbre quedó sin corazón arriba,
como un grito en la nada sólo piedra.

El hombre que vive en la soledad de la montaña, tiene una carga animista profunda, que lo hace reconcentrado y y siente acompañado por todo mundo penetrado de leyendas y mitos.

Esto lo encontramos en el poema “EL TRUCO DEL DIABLO”.

Le mataron la flor con el ancho de espada;
no es esa la ley del truco pero el diablo lo quiso
por amores ocultos estaba sentenciado
y tuvo que achicarse con un sueño florido

Otro de los tipos de montaña que es fuente de su inspiración lo encontramos en el minero; “Minero Riquelme” es precisamente el poema que nos da este clima de su creación.

Riquelme entra.

Le dan un valle remoto adentro de una botella,
la sombra de una mujer
copada por agrio tiempo.

Joven se hizo minero
y andando el mundo adelante
se vino como ha venido,
sobre un caballo de piedra.

Tanto golpear en la cuña
tendrá que abrirse la vida, Riquelme.

La realidad cotidiana desde esta constante que en Escudero se metamorfosea, lo mediato, lo que está al alcance de su mano, lo que él podría nombrar en una forma llana, él lo lleva a la metáfora y lo eleva a un sentido mágico.

Se está haciendo tarde para subir escaleras,
dar el amor si juras quererme,
revolucionarse a préstamo
y agarrar a los muertos de palo blanco.

En otro de sus poemas encontramos estos versos donde se muestra lo antedicho.

Colón véngase mañana se me ha dicho ayer
como si el ronco acento de los mares
no estuviera quemándome.

Y vivo en los mesones del Puerto de Palos
llorando mi suerte,
masticando el chicle del horizonte,
pegándomelo en las pestañas.

La labor poética de Rufino Martínez hasta el presente ha sido reunida en el libro “El Regreso” y la de Jorge Leonidas Escudero, “El Canto al Vino”, en una plaqueta y los poemas que hacen a su sentir telúrico en “La Raíz en la Roca”.

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LA LLUVIA ESTÁ LAVANDO

Se está haciendo tarde para subir escaleras,
dar el amor si juras quererme,
revolucionarse a préstamo
y agarrar a los muertos de palo blanco.

Viene de otra manera responder a los padres.
Agua movida por la piedra del molino
hacer los movimientos que caben,
los que la lluvia está lavando.

La parábola de una baldosa muerde
las ínfulas esclavistas.
Porque nos cortaban los cables, imaginaos,
y horribles manyines,
entes sin collares de flores,
acróbatas sobre nuestras clavículas
inventaban las leyes.

Homo homini lupus los trilobites
y tantos fósiles,
pero viene curarnos con caneiones
dar besitos no vuelva la nube forma de hongo,
supongo,
porque tu codo electriza el mío y liga el mundo.

Somos esta materia que maneja aire
para que florezca el durazno.

CAMINOS QUEMADOS

Eran Alfredo y varios, como sea.
llamar el horizonte, cariciar los caminos.
Un barcito chiquito con dos ruedas de vino
traca trac en la noche viajero a las estrellas.

Picaban los amigos aceitunas y queso,
y al empezar callaban. Inconsolablemente
daban vuelta las copas relojes de arena.

Sombra de no sé quién, de Allan Poe o Rimbau.
un poeta entre ellos, escribiente maldito,
levantaba en la mesa una orquídea envinada
y después la guardaba en silencios divinos.

Conversaban oscuros de una lucha impotente,
fruta verde en las ramas del arte,
pensativos.
Hablaban de negocios que jamás harían.
Atropellaban el mundo sin moverse.

Y así hasta que la fruta se pudrió en las ramas
la ceniza les puso huevos en las sienes.
Y un día con la ausencia de Alfredo, tan pesada,
se quebró en la distancia el eje del barcito.

EL VIAJERO NUESTRO

A sus majestades no les viene a cuento
carabela fondeada en mis pupilas,
el viento izado, luego
en la foja mil del expediente un ítem
agregó: Puercas autoridades
¿podrido el huevo parado muero?
¿A la tierra incógnita
sin barbero que me la saque finaré?

Hoy es la hipocondría y mañana los callos.
de Isabel, las meninas
o misas en Sanlúcar de Barrameda.
Me lleve Judas.

Colón véngase mañana me han dicho ayer,
como si el ronco acento de los mares
no estuviera quemándome.

Y vivo en los mesones del Puerto de Palos
llorando mi suerte,
masticando el del horizonte,
pegándomelo en las pestañas.

De las postrimerías de la ilusión se arrastran
países de canela, demandan historia,
y vean a los reyes o plaga maldita:
juegan al ajedrez.

Con mocos no se compra la vela de mesana
ni el golfo de mi arribo con albricias.
Entrégame las joyas, imbécil,
me avergüenza la risa de los marineros.

Si cuestioné la forma de la tierra
no fue por chiste.
La gloria de mis ojos alumbrará el camino
Ya lo sé:
el fuego de lo desconocido se alimenta con mariposas.

LOS RECIÉN CASADOS

Vedlos,
Todavía no botan la cáscara
Del cuarto donde han dormido.

Él la guía,
Pero ella sabe caminar sola.
Extasiados andan y al desaire
Observan la plaza, entran al museo.
Dan largos rodeos para llegar a lo mismo
Practican la unión antes que filosofarla.

Es lindo y es fácil
Cuando se quieren de a dos en dos
Y un saldo favorable resulta en la cama.
Sus padres crían vacas o emporios,
siembran coles o fabrican peines
mientras tanto ellos gastan y se abrazan.

¿Y si cuando pasan rientes apuñalan a un triste?
Está bien.
A su pueblo de origen volverán deshojándose,
haciéndose los que no oyen
que se acabó lo que se daba.

Y en la fotografía que les sacaron recién
la muerte gritará, dado el tiempo:
– Viejos aminorados,
¿cómo se les ocurre que ustedes son estos?

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